Memorias del Sáhara

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Memorias del Sáhara

El sol se ponía y el calor aflojaba lentamente al caer la tarde.
LLegamos a Smara por una carretera a medio asfaltar y al avistar las primeras jaimas, el camino cedió paso a un sin fin de baches imposibles para nuestro viejo Land-Rover. Era el último día en nuestro desierto, el amable y el despiadado. A través de la ventanilla yo veía la nada delante de mí…todo estaba por empezar.
Hay pocas cosas que eche más de menos que ese árido desierto, no puedo olvidarme de las dunas deshaciendo lo uniforme del paisaje, del perfume de las jaimas, del bramido de los camellos, de la risa de los niños saharauis…
Y desde el corazón del Campo de Refugiados de Tindouf, con el abrazo incondicional de su gente a pesar de la historia, yo sentía que lo tenía todo.
(Desde la Asociación Miradas queremos dedicar estas líneas a todo el pueblo saharaui que siempre nos ha acogido con tanto cariño)

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